La escritura nos enseña que los placeres son distracciones que nos quitan los ojos de lo espiritual, aunque eso no significa que no podamos tener descansos y gozarnos con los feriados, etc. Pero que no debemos dejarnos engañar por el enemigo para que nuestra misión como creyentes no se pierda, pues todos los creyentes tenemos una comisión que cumplir, y si nos distraemos será cumplida màs tarde que temprano.
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