Los sacrificios de los impìos Dios los mira como trapos de inmundicia, trapos sucios. A Dios no le interesa que un ladròn, que un polìtico corrupto, que un narcotraficante regale dinero para difundir el evangelio. Dios desea que se levanten manos limpias, que se eleve una oraciòn de un corazòn agradecido, que nuestras dàdivas y ofrendas sean agradables a èl, pues han sido ganadas con el sudor de nuestra frente.
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