Dios dispuso un mundo perfecto para el hombre, pero por la desobediencia y el pecado, el hombre lo echò a perder. Ahora nos toca a los hombre comer con el sudor de nuestra frente, y a las mujeres tener dolores en los partos como sentencia de la desobediencia. Sin embargo, Dios aùn ha dispuesto un buen mundo para nosotros, solamente que tenemos que consultar con èl todo lo que hagamos para que èl sea quien nos de la victoria.
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