lunes, 8 de agosto de 2016

Fortunas mal habidas.

Dios quiere y puede prosperarnos, pero quiere que lo hagamos con un trabajo limpio y sano, no quiere que pasemos por encima de cualquier persona para lograrlo. Dios bendice los planes de prosperidad de cualquier persona, pero deben de ser en orden, con limpieza, con madurez, con respeto hacia los derechos de los demás.

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