martes, 28 de febrero de 2017

El reloj de Dios (Parte dos).

(El contexto en la venida de Cristo).

“Todo tiene su tiempo, todo tiene su hora bajo el sol”
(Eclesiastès 3:1).

Cuando en el año 1,000 antes de Cristo, el Reino de Israel se dividió políticamente también hubo desorden en lo religioso. De esa cuenta vemos en tiempos de Esdras y Nehemìas que los Escribas (aproximadamente 500 años antes de Cristo). Toman una relevancia muy especial y sobre todo muy especializada, pues no quieren que ese desorden espiritual o religioso se vuelva a repetir por lo que se vuelven extremadamente cuidadosos al copiar la Ley. Recordemos que se llamaban “Escribas” porque precisamente ese era su oficio “escribir o transcribir la Ley que estaba en rollos a papiros”.

Es necesario hacer una acotación importante de los Escribas, eran màs allegados a los Fariseos (religiosos comerciantes), clase religiosa que mantenía el mando eclesiàstico judío a la llegada del Mesìas. Debido a que èstos eran màs conservadores y por lo tanto guardaban la observancia de La Ley de Moisès y las tradiciones orales màs que los Saduceos (ricos religioso-polìticos). Paralelamente a èste escenario tenemos que tener en mente otra situaciòn, vemos a uno de los profetas menores, Zacarìas, haciendo la siguiente declaraciòn de la gloria que Dios desea para su pueblo luego del Cautiverio. Uno: “Le doy libertad a mi pueblo pues tengo un gran celo por èl” (1:14); Dos: “Por lo tanto permitirè que reconstruyan mi Templo” (1:16); Tres: “Les enviarè un Redentor que llegarà montado en un pollino” (burrito) (9:9); Cuatro: “Yo los protegerè” (9:15).


*Señor, danos un honesto celo por tu casa.

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