miércoles, 1 de marzo de 2017

El Reloj de Dios (Parte tres).

(El contexto en la venida de Cristo).

“Todo tiene su tiempo, todo tiene su hora bajo el sol”
(Eclesiastès 3:1).

En medio de tanta bendición recibida luego del cautiverio, vemos que lastimosamente la clase sacerdotal (en su mayoría) le falla a Dios. ¿Còmo le falla? En el capìtulo 11 de Zacarìas, el Espìritu les dice: “No se han preocupado por la oveja moribunda; no buscan a las pequeñas; no curan a la herida, ni le dan de comer a las que están sanas” (versos 16-17). Nòtese que exactamente 100 años antes otro profeta, Ezequiel, había descrito “exactamente” el mismo panorama (vea Ezequiel 34:1-4) en donde además, agrega un “ay” en contra de ellos, pues con sus actitudes habían hecho dispersar a las ovejas. La razón, la vimos ya, los Fariseos eran religiosos pero también eran “comerciantes”.

Asì, Dios envía aproximadamente 400 años “antes” del nacimiento de Cristo, al profeta Malaquìas que declara o decreta lo siguiente: Uno: “Ahora pues, èste mandato es para ustedes los sacerdotes” (2:1); Dos: “Ustedes se han desviado del camino y mediante su instrucción han hecho tropezar a muchos” (2:8); Tres: “Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino” (3:1); Cuatro: “De modo que me acercarè a ustedes para juicio” (3:5); Cinco: “Estoy por enviarles el espíritu del profeta Elìas antes de que llegue el dìa del Señor” (4:5).

Como en toda profecía verdadera, 400 años después del profeta Malaquìas, en el inicio del Nuevo Testamento, encontramos “exactamente, ese contexto en el tiempo o reloj de Dios”. Uno, una clase sacerdotal desviada a sus propios intereses y haciendo tropezar a muchos (Mateo 23:3); dos, un único mensajero enviado a preparar el camino del Señor, Juan el Bautista (Mateo 3:1), quien se presentaba a sì mismo como UNA VOZ CLAMANDO EN EL DESIERTO (Juan 1:23); tres, tanto el Bautista como Cristo se acercaron al sacerdocio para confrontarlo (Mateo 23:3 y 13,15,16,23,25,27 y 29) ambos con el espíritu de Elìas. Para luego, encontrarnos con el tema de que “aquellos” que eran los encargados de “recibir y presentar” al Mesìas, son sus enemigos, detractores y verdugos (Juan 11:53)

*Señor, danos un honesto celo por tu casa.


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