jueves, 16 de febrero de 2017

Vasijas en manos del alfarero.

“Asì que, volvió a hacer otra vasija, hasta que quedó bien”.
(Jeremìas 18:4).

El Espìritu de Dios llevò a uno de los profetas mayores, Jeremìas, a describir y dejar por escrito una pequeña parábola. La misma nos ejemplifica lo que el hombre es en las manos de Dios, un puñado de barro con el cuàl èl forma lo que se le viene en gana.

Y lo describe de la siguiente manera: “Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; asì que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que había quedado bien”. Dios, cuando nos habla en el libro de Jeremìas nos està diciendo que: Cuando todas las penas, angustias y limitaciones que el hombre pasa lo “derrumban”, entonces es cuando èl “actùa”, pues es cuando realmente comprendemos que nuestra dependencia debe ser de èl, y no de nuestras fuerzas, inteligencia o capacidades. Allì, es cuando nos hace nuevas vasijas, porque muy a pesar de nuestras debilidades, formamos parte del “Plan perfecto y eterno” de Dios. En algunos dura poco tiempo; en otros un poco màs; y en los que somos necios o duros dura muchos pero muchos años. Sin embargo, para todos es un tiempo de preparación y maduración, para luego mandarnos a ayudar a otros. Todo tiene un precio, y asì como es el precio es lo que recibimos a cambio. En lo espiritual también funciona de la misma manera, cada Ministerio poderoso tiene un precio alto.
  


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