viernes, 3 de febrero de 2017

Los lìmites.

“No traspases los lìmites antiguos”.
(Proverbios 22:28).

La palabra “Lìmite” viene del romano “Limes” cuyo significado es: “Separar territorios”. Todas las naciones del mundo tienen un lìmite territorial, lo que implica hasta dònde llega esa nación. Toda persona en una empresa tiene un lìmite de autoridad, lo que implica hasta dònde y a quiènes puede abarcar con sus òrdenes. Todas personas tenemos un lìmite de ética, moral y urbanidad, lo que nos dice hasta dònde nos es permitido llegar con las demás personas y sus pertenencias.

En lo espiritual Dios no se aparta para nada de èste pensamiento, cuando nosotros estudiamos la historia del pueblo de Dios, Israel; y màs tarde la historia de la Iglesia, vemos que también existe un patrón de “Lìmites ordenados divinamente”. Fue por ello que el pueblo de Israel fue dividió en Tribus, pues cada tribu tenía un atributo especial, el cuàl, por supuesto, no podía ni debía ser traspasado por sus congéneres. Asì, la Tribu de Judà, era la encargada de la alabanza; pero la de Levì, era la encargada del sacerdocio. Cualquièr traspaso de “lìmites” podría llegar incluso a implicar la muerte física.  Ahora bien, es increíble y altamente peligroso lo que vemos hoy en las congregaciones, no asì en la Iglesia, pues muchos son los líderes que quieren hacer de todo con tal de llenar sus templos, pero no miden las consecuencias de ello… la posible muerte espiritual. No es atributo de todos los líderes hacer toda clase de actividades en la Iglesia, precisamente por ello es que para servir al Señor tiene que haber habido primeramente un “Llamamiento”, pues en èl, se nos dice “cuàl” es nuestra misión. Debe haber habido también un tiempo de “Preparaciòn”, pues nadie puede guiar a otro si no sabe a dònde llevarle.  En tercer lugar, y lo vemos en la vida de los grandes Apòstoles, debe haber habido una “Prueba, de la cuàl se salió aprobado”. Y, en último lugar, y no por ello menos importante, està el “Tiempo”, nada vamos a lograr nada si no esperamos el tiempo de Dios. Las congregaciones son un lugar de “entretenimiento”, pero la Iglesia de Jesucristo es un lugar de “preparación y afirmación” para cuando llegue el tiempo indicado de Dios.


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