Cristo muere… “Y al
instante, la cortina del Templo se rasgò en dos, de arriba a abajo”.
(Mateo 27:51).
Paralelamente a la historia
de los Pactos nos encontramos con otras dos historias no menos importantes. La
primera, en el Antiguo Pacto, en donde funcionaba una casta sacerdotal cuyo
primer Sumo Sacerdote, Aaròn, había sido nombrado por Dios, y cuyos miembros la
conformaban única y exclusivamente sus herederos (Exodo 28:1). Se les había
ordenado que al Lugar Santìsimo en donde moraba la presencia de Dios, “solamente”
podía entrar el Sumo Sacerdote y una vez al año, pues de lo contrario cualquier
otra persona o sacerdote morirìa, incluìdo Aaròn, sino entraba en el dìa
indicado (Levìtico 16:2 y Hebreos 9:7).
La segunda historia es la
siguiente, Cristo declaró de parte del Padre que todos los que creyèramos en èl
serìamos no solamente salvos, sino también llamados a ser reyes y “sacerdotes”
(vea Apocalipsis 1:5-6). Pero, la pregunta es: ¿Còmo podemos ministrar como
sacerdotes, si no podemos entrar a la presencia de Dios? La respuesta està en la muerte de Cristo: “Jesùs
volvió a gritar con fuerza, y entregò su espíritu” (¿Recuerda lo que aprendimos
de la muerte del testador y del heredero?). Y dice la escritura que en el
momento exacto en que Cristo morìa: “La cortina del Templo se rasgò en dos
partes (dejando expuesta la presencia de Dios, recordemos que allì dentro
estaba el Arca del Pacto), y se rasgò de arriba abajo, pues era Dios quien la
estaba abriendo para que todos los llamados a ser reyes y sacerdotes pudiéramos
entrar a su presencia. El escritor de Hebreos (4:16) nos lo narra de la
siguiente manera: “Acerquèmonos pues, confiadamente, al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro”.
Entendemos ahora ¿Por què se rompió el velo del Templo? ¿Por què ahora ya no
muere persona alguna si se presenta a Dios en “cualquier” momento?
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