“Y el Espìritu de Dios se apartò
de Saùl”.
(1ª Samuel 16:14).
Uno de los muchos privilegios y
delicias que el ser humano puede gozar es el dormir bien y suficiente. Cuando
una persona no duerme bien y suficiente se descompone material y
espiritualmente. Entonces es bueno conocer algunos de los motivos que nos hacen
perder el sueño.
Materialmente sabemos que a
algunas personas el tomar ciertas bebidas (café, tè, etc.) o el ingerir algunos
alimentos (carnes, mariscos, etc) les altera su digestión, y por ello, pierden
el sueño. En esos casos basta con no hacerlo y se soluciona el problema. Ahora
bien, desde el punto espiritual difiere un poco. Dios nos ha prometido que si confiamos en èl;
si nos ponemos en sus manos, entonces dormiremos tranquilos. ¿Què, entonces, es
lo que nos quita el sueño en lo espiritual? Pues el no “confiar” en Dios,
cuando somos nosotros los que queremos solucionar los problemas en lugar de
preguntarle a èl, què, còmo y cuàndo tenemos que hacer o decir algo. En Deuteronomio 28, Dios nos dice que si
“obedecemos” en lo que èl nos dice, entonces “todas” las bendiciones estarán de
nuestro lado, el dormir bien es una bendiciòn. ¿Què tenemos que hacer para no
perder esa bendiciòn? Pues simplemente “obedecer” lo que èl nos dice. Quizàs el
ejemplo màs claro de la pèrdida de la paz y el sueño, lo vemos en el rey Saùl,
quien por su “desobediencia, negaciones y justificaciones” (vea 1ª Samuel
15:3,9,20) obligò a Dios a “apartar” su Espiritu de èl. A la luz del caso de
Saùl, tenemos que comprender que delante de Dios no caben las excusas ni los
pretextos.
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