Todo creyente verdadero debe de ser un UNGIDO de Dios y no una persona que sea urgida de Dios. Un ungido de Dios es una persona que ha sido llamada, probada y aprobada por Dios. De lo contrario no tiene la autoridad suficiente para corregir a otros de sus faltas. Todos los creyentes verdaderos hemos sido llamados a ser Sacerdotes, instruyàmonos entonces en el oficio.
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