viernes, 27 de enero de 2017

La honra.

“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”.
(Efesios 6:2).

Cuando somos jóvenes, si no hemos tenido el privilegio de tener ancestros que nos instruyan, generalmente tendemos a menospreciar a los ancianos. Pero quienes hemos tenido esa fortuna, realmente debemos estar agradecidos con Dios por ello.

Quienes amamos la naturaleza y a los animales, en alguna ocasión hemos leído o escuchado lo que los animales aprecian a sus congéneres màs viejos. Acaso el ejemplo clásico es el de los elefantes, el cuàl hemos compartido en otras oportunidades, pero que quizás valga la repetición. La manada de elefantes siempre es guiàda por la elefanta màs anciana, la subsistencia de toda la manada depende de la forma en que ella decida, instruya y actùe con los conocimientos adquiridos por décadas. Es ella quien recuerda los senderos menos peligrosos; es ella quien recuerda los pastizales màs lejanos; es ella quien recuerda todas y cada una de las fuentes de agua, tanto en tiempos normales como en tiempos de sequìas. Es por ello que es altamente apreciada por toda la manada. Dios, nos instruye a que apreciemos a nuestros ancianos, ellos son, con su amor, experiencia y consejos nuestros mejores guìas. Y, entre los primeros ancianos a los que hemos de honrar están nuestros padres, abuelos y bisabuelos. El Apòstol Pablo nos instruye asì, acerca de ellos: “ Pero si una viuda tiene hijos o nietos, que éstos aprendan primero a cumplir sus obligaciones con su propia familia y correspondan así a sus padres y abuelos, porque eso agrada a Dios” (1ª Timoteo 5:4). Y sigue diciendo:Si alguna creyente tiene viudas en su familia, debe ayudarlas para que no sean una carga a la iglesia; así la iglesia podrá atender a las viudas desamparadas” (verso 16). ¿Existen ancianos en nuestra familia?  En un primero plano, cuidémoslos; y n un segundo plano, estemos agradecidos pues es síntoma de que ha habido cumplimiento del mandamiento.


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