“No
es que intentemos imponerles la fe”.
(1ª
Timoteo 1:24).
Los
postres es raro que no le gusten a alguien, a unos el helado de vainilla a
otros el de chocolate; a muchos el pastel tres leches, el invertido de piña o
el de fresas con crema. El punto es èste, que cada quien recomienda que prueben
lo que a èl le trae “tanto” deleite, no que quiera “imponer” el gusto sino simplemente que
disfruten.
Esa
es precisamente la razón por la cuàl nosotros predicamos el evangelio. Alguien
se preguntarà, pero què insistencia tiene èste fulano con querer meterme en la
cabeza “sus creencias”. Bueno la razón la da el Apòstol Pablo en la segunda
carta que le escribiera a los creyentes de Corinto: “No es que intentemos
imponerles la fe, sino que deseamos contribuir a la alegría de ustedes” (vea
1:24). Sì, esa es la verdadera razón, el gozo, la alegría, el contentamiento
que nos ha dado la palabra de Dios a nosotros, quisiéramos que todo el mundo la
tuviera, al fin y al cabo ¿acaso no fue por eso que vino Cristo a morir? Que
por llegar a creer la palabra de Dios no me voy a enfermar; que por creer la
palabra de Dios no voy a tener penas económicas; que por creer la palabra de
Dios no voy a tener tiempos de frustración, decepción o traiciones…. ¡NO! El punto es que quizás vivirè esos mismos
momentos que vive cualquiera, pero la diferencia será la “esperanza de auxilio”
que guardarè sabiendo que hay un Dios que permite esas situaciones en mi vida
con un “propósito”, y que ese propósito siempre será para bien. Y, realmente
hay diferencia entre pasar uno sòlo esas situaciones a pasarlas de la mano de
Dios. Esa es la idea; ese el el motivo; es el propósito por el cuàl nosotros
predicamos el evangelio. No tenemos ningún interés oculto ni personal en ello,
simplemente hemos sido llamados a compartir èste mensaje sabiendo que la
recompensa viene de Dios y no de los hombres.
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