En la antigüedad los hombres construìan torres rodeadas de lagos artificiales con una sola entrada, para poder lograr la seguridad de esa casa de gobierno. Dios desea que su Santo Espíritu sea la torre inexpugnable para nosotros los que nos llamamos sus hijos, los que somos parte de su pueblo. Y un espíritu no se puede forjar en acero como hacen los herreros, ni se puede tallar en madera como hacen los carpinteros.
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