El proverbista nos habla insistentemente del soborno. Soborno es pagar dinero porque la autoridad permita que una persona se pase por encima de la ley. Eso no le agrada a Dios, pues hace que la justicia no funcione igual para todos. El creyente en Dios no debe practicar el soborno ni recibirlo, pues pierde la bendición de Dios, la paz y pone en riesgo el pan de su familia pues la ley condena y persigue para encarcelar al que da o al que recibe soborno.
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