La soberbia viene de no tomar en cuenta a Dios en nuestras decisiones, y, a pesar de ello triunfar. Porque pensamos: Si yo puedo sòlo para què tomar en cuenta a Dios, a los expertos, a los profesionales, etc. Eso nos trae jactancia y orgullo y soberbia. Pero, si tomamos en cuenta a Dios, aùn y cuando no triunfemos en lo que estamos haciendo, el resultado será òptimo, pues habremos aprendido lo que Dios deseaba que aprendiéramos que vale mucho màs que el éxito pasajero.
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