La vida del creyente debiera de ser como la luz del amanecer, como dice la escritura. Y, el creyente no tiene por què andar contándole a todo el mundo que es creyente, eso debiera de notársele. El creyente no debe mentir, engañar, robar, matar, el creyente debe de ser servicial, consolador, un amigo, un compañero, debe participar de las penas de otros no sòlo de los privilegios.
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