La Biblia nos enseña que: "Hay quienes pretender ser ricos pero en realidad son pobres". Una persona no es rica por lo que Dios le ha permitido acumular; se es rico cuando uno ha cultivado una relación con Dios, ha conocido a Cristo, y se ha dejado guiar por el Espíritu Santo. Todo lo material que uno pueda tener no es riqueza si uno vive solo, sin amigos, sin esperanza, sin el amor de otras personas, y sin extender nuestro amor a otras personas.
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