El buen camino de un creyente es seguir a Dios con convencimiento y voluntad propia, querer agradarlo en todo lo que hagamos, vivir según sus normas, estatutos y mandamientos que nos dejara por medio de Cristo, sus discípulos, Pablo y que han cumplido todos los creyentes durante los últimos dos mil años. Respetar y obedecer a Dios es tomar el buen camino, y, la recompensa es estar con èl por toda la eternidad gozando de su presencia.
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