Dice la escritura que la esperanza frustrada daña el corazón del hombre, nada màs cierto que ese concepto. Pero también va acompañado de que se cumplan las condiciones para que recibamos lo ofrecido. Si nuestros padres nos ofrecen un premio por hacer una tarea especìfica, si no hacemos esa tarea especìfica no debiéramos de esperar el premio. Con Dios sucede lo mismo, para recibir las promesas que èl nos ofrece, debemos cumplir con los compromisos que esa promesa conlleva.
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