Dios desea que cada vez que nos equivoquemos corrijamos lo malo, y, en la educación èl desea que la excelencia se haga presente. Si nos equivocamos y nuestros padres nos corrigen, tenemos que entender que lo hacen por amor, para que seamos hijos e hijas que honren a Dios, que sean ùtiles a la sociedad y no una carga. Demos gracias a Dios si tenemos padres, abuelos, maestros o líderes que nos corrigen.
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