En lo natural todo árbol da fruto, en lo espiritual los hombres somos como àrboles plantados dice la escritura. Y Dios desea que seamos como àrboles plantados cerca de una corriente de agua. Por lo tanto espera muchos frutos de nosotros. Esos frutos tienen que ser buenos para alimentar a otros. Y el árbol que da buenos frutos es un árbol muy apreciado. Por lo tanto si nosotros damos esos buenos frutos el Señor nos tendrá en gran estima y velarà por nosotros siempre.
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