No es suficiente que nos hagamos llamar creyentes, hay que demostrarlo con una vida fiel, honesta, y que llame a otros a querer seguir y vivir por Cristo. Si nos llamamos creyentes pero somos iguales a las gentes de la calle, abusivos, mal hablados, ofensivos, irrespetuosos a las leyes, etc. Entonces no esperemos que nadie quiera seguir a Cristo, pues lo que estamos mostrando de èl es lo mismo que hacen los impìos.
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