martes, 22 de marzo de 2016

La complacencia de Dios.

Para complacer a Dios hemos de vivir una vida honesta. Y, cuando nos referimos a una vida honesta nos estamos refiriendo no sòlo a no robar, sino a tener una vida llena de disciplinas como la justicia, ser razonable, ser recto en todas las áreas de nuestra vida. Por ello fue que obtuvieron gracia los patriarcas, algunos de los reyes de Israel, los discípulos y muchos de los evangelistas de nuestra época. ¿Queremos gracia para predicar el evangelio?  Vivamos honestamente.

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