Dios desea que en el corazón de sus hijos la ambición no estè. Dios desea de sus hijos contentamiento acerca de lo que èl les permite tener o no tener. Lo que Dios desea en lugar de corazones que se tiren al mal no importando las consecuencias es, corazones dolidos y sufrientes como el de Cristo que cuando miraba una pena se apresuraba a subsanarla. Ese es el tipo de corazones que Dios acepta y bendice con prosperidad.
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