Nos enseña la escritura que cuando respondemos a alguien grosero o abusivo con palabras suaves, o, que simplemente nos quedamos callados, èste tiende a calmar su ira o su enojo. Dios desea que en la medida que nos sea posible no seamos nosotros los que continuemos un pleito, ni mucho menos que seamos nosotros los que lo iniciemos. A eso se refiere el refrán que dice: "La blanda respuesta, calma el enojo".
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