Nuestros abuelos nos enseñaron cuando niños, que no hay que juzgar a las personas por las apariencias, o sea, por lo que aparentan ser o tener. Pues muchos aparentan tener mucho y no tienen nada, y otros aparentan no tener nada y tienen mucho. A todos hay que tratarlos con respeto, pero no podemos dejarnos influir por lo que vemos. Delante de Dios todos somos iguales, y así quiere Dios que tratemos a todos, por igual. Repetimos, no faltándole el respeto a nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario