Dios desea que estemos felices siempre, y si nosotros estamos contentos con lo que Dios nos da, con lo que nos permite tener y hacer, eso nos hará estar inmensamente felices. Y, esa felicidad se nos verà en el rostro. Nosotros podemos salir a la calle y observar a las personas, y veremos en sus rostros la felicidad o la preocupación, la desesperación, los afanes. Seamos felices pues eso agrada a Dios, y estaremos contagiando a otras personas para que lo sean.
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