Nos enseña la Palabra de Dios que todo acto de maldad debe ser disciplinado, y si el disciplinado no ama esa corrección, entonces morirà. Por ello nosotros debemos amar hacer el bien, amar hacer actos de bondad y no de maldad, pues aùn y cuando el hombre no nos corrija, Dios sì lo hará y la corrección trae sufrimiento o la muerte.
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