sábado, 2 de julio de 2016

La pereza.

En la escuela hace cincuenta años nos repetían cada dìa los maestros, que la pereza es la madre de todos los males. Que procuráramos mantenernos ocupada nuestra mente en algo productivo pues de lo contrario nuestro fin era ocuparla en alguna maldad. La experiencia y el tiempo nos ha demostrado que quienes obedecimos llegamos a realizar nuestros planes y a cumplir nuestras metas en la vida, mientras que los desobedientes terminaron en la cárcel física o espiritual. Sòlo Dios nos puede ayudar a poder llenar nuestra mente con elementos ùtiles.

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