jueves, 7 de julio de 2016

La ebriedad y la sobriedad.

Una persona ebria o sea borracha no agrada a nadie. El Señor desea que su pueblo, y especialmente los líderes, sean personas sobrias. Personas alejadas de los vicios y del licor. No podríamos, si somos líderes, tener la confianza de las personas si nos mantenemos borrachos. Eso no debe de existir en los caminos del Señor, pues hemos sido llamados a ser reyes y sacerdotes, y Dios prohíbe a sus reyes y a sus sacerdotes la inclinación a esos vicios.

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