“Todo tiene su momento oportuno”
(Eclesiastès 3:1).
El diccionario la define
como: “La virtud de coordinarse cronológicamente para desarrollar una actividad
en tiempo o antes de tiempo”. Un dominio de la puntualidad, conjuntamente con
la planificación, el orden y la disciplina pueden, comercialmente hablando,
llevar al éxito o al fracaso a cualquier persona o empresa. ¡En lo espiritual
no difiere en lo absoluto!
Dios, que es un ser de
puntualidad, buena administración, orden y disciplina, nos da varios ejemplos
en la escritura acerca de por què existen triunfadores y del por què existen
fracasados (espiritualmente y también en lo material). Imaginemos por un
momento que Dios no hubiese tenido puntualidad, orden ni disciplina en la
creación, què hubiera sucedido si primero crea al hombre y hasta después el
ambiente idóneo para èl… muerte, fracaso. Què hubiera pasado si Dios por falta
de puntualidad, orden y disciplina no envía un àngel y un cordero a tiempo
frente a Abraham… muerte, fracaso. Què hubiera sucedido si Dios no hubiera sido
puntual, ordenado y disciplinado en el Mar Rojo cuando el ejército egipcio
perseguía a los israelitas… muerte, fracaso. Una de las grandes virtudes de
quienes nos hacemos llamar “creyentes” no solamente “tiene” sino “debe” ser la
puntualidad, el orden y la disciplina. Estar puntual a cualquier actividad es
decirle a los demás: “Cuenten conmigo… aquí estoy”, pero llegar tarde es una
falta al cumplimiento de la palabra ofrecida y faltar el respeto a quienes sì
lo hacen, pues quizás puede significar el fracaso en el resultado final. Y en nuestras vidas “nada” pasa por casualidad
ni coincidencia todo es puntual en los planes de Dios.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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