jueves, 9 de marzo de 2017

La puntualidad.

“Todo tiene su momento oportuno”
(Eclesiastès 3:1).

El diccionario la define como: “La virtud de coordinarse cronológicamente para desarrollar una actividad en tiempo o antes de tiempo”. Un dominio de la puntualidad, conjuntamente con la planificación, el orden y la disciplina pueden, comercialmente hablando, llevar al éxito o al fracaso a cualquier persona o empresa. ¡En lo espiritual no difiere en lo absoluto!

Dios, que es un ser de puntualidad, buena administración, orden y disciplina, nos da varios ejemplos en la escritura acerca de por què existen triunfadores y del por què existen fracasados (espiritualmente y también en lo material). Imaginemos por un momento que Dios no hubiese tenido puntualidad, orden ni disciplina en la creación, què hubiera sucedido si primero crea al hombre y hasta después el ambiente idóneo para èl… muerte, fracaso. Què hubiera pasado si Dios por falta de puntualidad, orden y disciplina no envía un àngel y un cordero a tiempo frente a Abraham… muerte, fracaso. Què hubiera sucedido si Dios no hubiera sido puntual, ordenado y disciplinado en el Mar Rojo cuando el ejército egipcio perseguía a los israelitas… muerte, fracaso. Una de las grandes virtudes de quienes nos hacemos llamar “creyentes” no solamente “tiene” sino “debe” ser la puntualidad, el orden y la disciplina. Estar puntual a cualquier actividad es decirle a los demás: “Cuenten conmigo… aquí estoy”, pero llegar tarde es una falta al cumplimiento de la palabra ofrecida y faltar el respeto a quienes sì lo hacen, pues quizás puede significar el fracaso en el resultado final.  Y en nuestras vidas “nada” pasa por casualidad ni coincidencia todo es puntual en los planes de Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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