"Si la envidia fuera tinta, cuàntos estarìamos pintados", con esas palabras nuestros abuelos nos reprendìan cuando miràbamos con deseo lo que otros tenìan y que nosotros querìamos. Pero nos incitaban a que si lo querìamos tener entonces habìa que trabajar duro y ahorrar para poderlo comprar. Dios no desea que su pueblo sea envidioso, Dios desea un pueblo que tenga de todo pero que lo obtenga con su trabajo dirio y honesto.
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